Ir al contenido principal

Entradas

El papel y las almendras.

¿Quién diantres va a comprar semejante mamotreto de un escritor bolchevique?- Dijo el viejo de mandíbula marmórea, que escupía a sus subordinados grandes perdigones, mientras hablaba. Apegado a un pitillo, que sostuvo en los labios, el señor Pereda pegó una  chupada al mismo. No tenía pocas cosas de las que ocuparse ¡cómo para que le viniesen con estos melindres!




- Dostoyevski no es bolchevique, señor.- Negó el joven traductor reverencialmente. No quería ofender el ánimo borrascoso del jefe.- Murió antes de que llegasen los rojos. -Más a mi favor, ¿cree que los censores sabrán algo de  ese Dro-to-yes-qui? Pero como suena a ruso: rogelio
- Dostoyevski.- Repitió desesperado Marc.
-  Hágame caso, Marc, el ejemplar ese no puede salir con tantas páginas, porque no tenemos suficiente papel. Nos excederíamos del cupo(1).
- ¡Si compramos excedentes en el mercado negro! 
- No hables de eso en voz alta, chiquillo - Murmuró en un tono bajísimo el famoso editor, que le hizo objeto de una confidencia.…
Entradas recientes

El nudo gordiano de la tumba de Alejandro.

El pelo ensortijado y blondo, caía sobre la frente de la momia, que los eficientes funcionarios imperiales habían incorporado para que ambos dignatarios se saludasen. Uno por supuesto desde el más allá. Con la cara avinagrada, el Primer Emperador aclaró que él no venía a visitar una momia, "sino a un rey". Aquella mañana su camarilla más cercana, le había observado demasiado efusivo, como si hubiese inhalado los espíritus del conquistador o alguna que otra hierba que el mojigato Augusto tomaba siguiendo los consejos de su druida. Como tampoco libaba, el estado casi triunfal extrañaba en grado sumo a su círculo más cercano- Porque nuestro César, lloró al comparar sus conquistas con las del más grande. Un respeto, por favor ¡Cornelius, acérquese!- El fiel compañero se arrimó tembloroso, pues nunca había visto al  emperador embebido de las fiebres de grandeza como le había ocurrido con el macedonio.- Él acabó con siglos de rivalidad entre Oriente y Occidente. Rindió con sus fal…

El pequeño Federico El Grande

Bajo un rugido atronador de artillería, media Europa en el siglo XVIII temblaba al evocar su nombre. Un reino minúsculo que se desenvolvía entre gigantes, y que parecía destinado a enredarse a lo sumo en las barbas de las grandes potencias, sin llegar a inquietarles. No obstante, cuando todo estaba perdido, surgió el genio de Federico El Grande para enmendar las páginas de la historia, que tenían marcada la Batalla de Rossbach como una debacle prusiana (1). No sólo logró evitar una estrepitosa derrota, sino que sus maniobras sorprendieron a sus enemigos y dieron un giro inesperado en la denominada Guerra de los Siete años(2). Tanto, que Prusia tejería desde entonces una leyenda en el campo de batalla, cuyo eco reverberó hasta la Gran Guerra y aún más. Pues < < El más grande>> se convierte en un icono nazi por representar los tiempos dorados de Prusia, la semilla de la patria germana. En las ceremonias fastuosas del partido, se invocaba su figura como la del digno antecesor…

La Kodak de Mallory

Un cadáver en el hielo y bocabajo, guardaba un misterio que ni siquiera el gran escalador Renhold Messner, ha logrado desvelar. Sus hipótesis se basan en barruntos  fundados dada su dilatada experiencia en la montaña, pero nada concluyente. El muerto había permanecido oculto largos años como celoso guardián de una de las leyendas más mágicas del alpinismo.  No en vano, varias expediciones habían tratado de dar con los restos de George Mallory y Andrew Irvine para desentrañar parte de las incógnitas que se llevaron consigo. La duda los persigue más allá de la muerte, porque ¿llegaron a encimar la montaña más alta del planeta en el año 1924? Aquel cuerpo tumefacto, sin gafas de sol puestas, según cayó y con la tibia y fémur rotos, sugiere que George Mallory habría iniciado el descenso cuando la muerte le sorprendió. ¿Se puede colegir de esta evidencia circunstancial que Mallory y su compañero llegaron al pico del Everest ? Tampoco. Otros expertos esgrimen que se trataba de la cara norte…

¿Dónde reposa Groucho Marx?

Las películas de los Hermanos Marx están asociadas a deliciosas jornadas vespertinas de cine,  en las que las cintas de humor de estos genios despertaban nuestras sonrisas y alguna que otra carcajada. Una vida en la que el humor traspasaba el celuloide - hay humoristas que cuando bajan de las tablas transforman su rictus en serio, no es ni mucho menos el caso que nos ocupa. Porque Groucho Marx que fue una auténtica celebridad se había convertido en el embajador del Séptimo Arte y participaba en largas recepciones donde se encontraba con personajes de lo más variopinto. Así, de esa guisa disfrazado de sí mismo, le espetó un conocido dictador que había visto todas sus películas. De los retratos en los que mostraba una pose hierática, a ese personaje chabacano, envejecido que codeaba al humorista y que repasó su filmografía airosamente. Hasta que la conversación desembocó - se había aferrado a su codo y no dejaba a Groucho desprenderse - a los parabienes de la patria, cuando el dictador …